Ajos

El ajo desde la Antigüedad…

Si bien el ajo no es un alimento 100% autóctono de nuestro país, lo cierto es que como emblema de la cocina mediterránea es un aderezo para muchos de nuestros platos, de norte a sur de la Península.

Muestra de ello es el artículo publicado en La Vanguardia donde se hace un repaso por la historia de este bulbo y cómo ha llegado hasta nuestros días como uno de los reyes d ela cocina tradicional y de la moderna.

Y es que España huele a ajo porque es el país Europeo que más y mejor ha introducido el ajo en su recetario y no se entendería la gastronomía española sin su aroma. España y el ajo caminan juntos en una unidad de destino en lo universal y fueron los súbditos españoles los que introdujeron el ajo en América. Y todo ello, tal y como os apuntábamos en el primer párrafo, el origen del ajo no es español. Como tantos otros productos que son el pan nuestro de cada día, el ajo llegó de Asia Central y entró en el Mediterráneo desde los puertos de Egipto.

Las magníficas propiedades culinarias del ajo han ido del brazo de las capacidades curativas de una planta que desde sus orígenes le ha sido otorgada poderes mágicos. Los sumerios lo empleaban para espantar a los insectos, los egipcios lo suministraban a los esclavos como vigorizador y en Grecia se ingería para evitar el tifus y la cólera.

En la actualidad, muchos profesionales de la medicina alternativa recomiendan el uso del ajo negro – de origen japonés – para prevenir la diabetes, la hipertensión y la hiperlipèmia. Entre sus poderes, más cinematográficos que reales, está su capacidad para ahuyentar a los vampiros y otra gente de mal vivir. Los poderes del ajo para espantar a los no muertos es más una falacia centroeuropea que una verdad mediterránea, aunque no son pocos los supersticiosos que tienen colgada una ristra de ajos detrás de la puerta por si las moscas.

La lista de recetas españolas en la que el ajo tiene un papel principal o secundario es enorme, pero como “sobre gustos no hay nada escrito”, es de justicia destacar entre todas las recetas hispanas el Ajoblanco, una sopa de origen extremeño y andaluz anterior a la llegada de los tomates a España. Con 200 gramos de almendras blancas, 100 gramos de migas de pan, dos dientes de ajo pelados, un litro y medio de agua fría, 200 ml de aceite de oliva y una cucharada de vinagre, se obtiene una de las grandes sopas frías del mundo.

Pero no todo en el ajo es positivo: Los besos con sabor a ajo han sido la causa de innumerables historias de amor fallidas…

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