Ajos

Cómo optimizar las propiedades saludables del Ajo

Son múltiples los beneficios que los ajos tienen en nuestra salud gracias a su consumo como aderezo en multitud de platos de la cocina mediterránea. Pero es imprescindible “afinar” su compra, almacenamiento y forma de cocinarlo si queremos optimizar sus beneficios.

Muestra de ello es el artículo publicado en la web Econoticias, donde nos destacan siete errores comunes que cometemos a la hora de introducir el ajo en nuestra recetas culinarias, y cómo podemos resolverlos. A saber:

1. El ajo, de origen controlado

Si no sabes el origen de lo que compras te arriesgas mucho. Muchas plantaciones de ajo no tienen los controles necesarios para asegurar que el producto es saludable, así que sin duda elegir ajo de marcas como Grupo Lomar, que vigila todo el proceso de platación, recogida y distribución hasta el punto de venta, es una muy buena inversión en salud y seguridad alimentaria.

Lomar-Ajos

Uno de los usos del ajo es que puede ayudar a eliminar el plomo del cuerpo humano, ya que lo absorbe naturalmente, pero esta ventaja tiene su contrapartida negativa, ya que si las tierras de cultivo, los fertilizantes o los químicos que se usen tienen plomo, el bulbo puede bioacumularlos.

El ajo también se emplea para ayudar a las personas que tienen problemas de absorción de yodo a nivel tiroideo, pero si durante su crecimiento estuvo expuesto al bromuro de metilo (un elemento frecuente en varios pesticidas) el efecto puede ser contrario a lo esperado y podría bloquear la absorción de este mineral.

2. Tan importante como la materia prima, su almacenamiento

Algunas personas lo refrigeran, otros lo dejan a la intemperie o lo guardan en bolsas cerradas, pero eso es un error. Los ajos se conservan mejor si se los coloca en una bolsa de malla con la adecuada ventilación y se los mantiene en un lugar oscuro, fresco y seco. De esta manera, se conservan de tres a cinco meses.

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3. ¿Plantarlo o conservarlo?

Si bien es cierto que es muy raro tener que tirar el ajo a la basura si se lo almacena de forma adecuada, también hay una forma muy práctica de guardarlo: pelarlos, lavarlos y congelarlos, ya sea cortado o en dientes o colocarlos en aceite en un frasco tapado.

Por otra parte, nunca deseches un diente por la sola razón de que se ha brotado. Muchos nutrientes se potencian cuando esto sucede, pero si no tienes costumbre de usarlo de esta forma, simplemente plántalo y ponlo cerca de otras macetas, será un excelente plaguicida natural.

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4. El engorro de pelarlo

Hay maneras fáciles de pelar varios dientes de ajo a la vez. Aplasta el bulbo con la palma de tu mano, colócalo en un frasco con una tapa y sacúdelo con fuerza, las cáscaras se desprenderán.También puedes colocar los dientes en una taza de agua caliente por unos minutos y casi se pelarán solos.
Si tienes que mondar solo un diente de ajo, antes de proceder a hacerlo, colócalo en una superficie plana y aplástalo con la parte ancha de una cuchilla, con esto lograrás que la piel se despegue con mucha mayor facilidad.

Os dejamos también la entrada previa a uno de nuestros post con un vídeo explicativo para hacer más fácil este proceso (La improvisación, ¡al poder! (pelando ajos))

5. ¿Pelar y cortar? Noooo

El ajo contiene dos componentes muy importantes, la alinasa y la aliina que se convierten en alicina cuando se expone al oxígeno; esto sucede en cuando cortamos o aplastamos los dientes. Pero lo que debes saber es que éste es el elemento más preciado de ajo, ya que es un potente antioxidante y antibiótico.
Incluso si vamos a cocinarlo, es importante que el proceso de generación de alicina esté completo antes de emplearlo. Un consejo fundamental: jamás se deben tragar los dientes de ajo, enteros, ya que éstos normalmente tienen el tamaño del diámetro del esófago humano y podrían quedarse atorados y al no estar cortados, no contendrán alicina.

El error en que se suele incurrir es pelar y cortar los ajos para consumirlos inmediatamente, ya que este proceso requiere de 5 a 15 minutos para completarse. Así que para tomarlo crudo lo ideal es dejarlo al menos 15 minutos a temperatura ambiente, una vez que lo trituramos o troceamos.

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6. ¡Ni se te ocurra quemarlo!

Por su naturaleza delicada y muchas veces porque lo troceamos de forma muy menuda, si nos descuidamos los ajos se queman. Cuando tengamos que realizar una preparación que necesite rehogarlos, lo mejor es que se echen en el último momento, ya que se cocinan con mucha rapidez.
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Si va a hornear lo mejor es mezclar el ajo con otro ingrediente más untuoso (aceite o mantequilla) con el fin de que éste lo proteja y no se ennegrezca, ya que puede perder sus propiedades y además darles un sabor amargo a las comidas.

7. El olor siempre te perseguirá…

O hay ninguna necesidad de ello. El perejil, las semillas de hinojo y el aceite esencial de menta pueden neutralizar los compuestos de azufre (que son los que huelen mal) que se desplazan rápidamente a través del cuerpo, salen con la sudoración y contaminan el aliento.

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